Buscando apoyo

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domingo, 28 de junio de 2009

Cuando tengo hambre

Frecuentemente, siento hambre. He aprendido a comer en pequeñas cantidades, muchas veces al día, de este modo, el dolor de estómago, las nauseas y la ansiedad las puedo controlar de modo consciente.

Cuando estaba en lo peor de la anorexia, sentía que el hambre era una enfermedad, no entendía entonces, que era la forma en que mi cuerpo clamaba por alimento, dejé de verla como el proceso normal biológico del organismo para avisar que hay que reforzarlo con alimentos. Pienso muchas veces, cómo pude llegar al punto en que lo normal pasó a ser anormal? Encuentro muchas razones, pero no son físicas, son momentos emocionales asociados a muchas circunstancias traumáticas. La comida, formaba parte de esos momentos. Si se utiliza como castigo, como elemento de presión, como premio, se asocia rápidamente el comportamiento a estas actitudes, pasamos a ser entonces, como animalitos entrenados, que obedecemos a patrones de conducta, por un premio. Y eso no puede ser. Comer, y disfrutar la comida, es un derecho nato, y no debe ser manipulado por nadie. Es tan arraigado este patrón disfuncional, que solo hasta ahora voy tomando realmente noción del problema.

utilizar la alimentación como elemento correctivo y disciplinario, es tan antiguo que se ha transmitido generasionalmente como adecuado y es aceptado tácitamente en la infancia, y repetimos la conducta con nuestros hijos, de generación en generación, sin darnos cuenta que vamos DEGENERANDO un derecho que es inalienable.

Satisfacer el hambre, no puede obedecer a un sistema de premios, ni es una recompensa, ni es un logro. Entender esto, me ha costado muchas lágrimas, muchos momentos de verdadero trauma físico, emocional y mental. Llegar al punto de sentir el hambre asociada a estados de ansiedad, angustia y miedo, que quedaba tan bloqueada, que no podía ingerir ni agua, y eso solo aumentaba la reacción de mi cuerpo, y entre más hambre sentía, más enferma me sentía y más se incrementaba todo el problema. Las nauseas, el dolor, llorar, sentirme completamente menos cavada, era parte del proceso. Pero, qué ganaba con ello? absolutamente nada bueno, ya que solo lograba deteriorarme a todo nivel. Finalmente, he aprendido a que si siento hambre, voy y como algo, y algo que realmente me guste, y que sé, mi organismo acepta sin dificultades. En promedio, cada hora o dos, estoy consumiendo algo. Me falta, aún un largo camino por recorrer, poder superar las consecuencias físicas de tantos años de anorexia, de salir del estado terminal y seguir cada día buscando mejorar, estar bien, estar alerta a las situaciones que sé me desestabilizan emocionalmente y por ende, físicamente. Sí mi alimentación es el punto débil, es lo que estoy reforzando. Yo valgo, yo quiero y deseo alimentarme, pero no solo mi cuerpo, también debo alimentar mi mente, mi espíritu, y cómo? pues cuando tengo hambre, también en estos sentidos, pues, hago algo que me guste. Leo, escribo, oro, medito, juego con mis hijos, converso con mis amigas, con mi familia.

Cuando siento hambre, suspendo mis actividades, dispongo lo que vaya a comer, ya sea un te y galletas, pero lo hago disfrutandolo. Centro toda mi atención durante esos minutos, a alimentarme, porque sé, que lo hago a todo nivel, y no importa si son 5 o 10 veces al día, es lo que mi cuerpo pide y necesita, y en la medida de lo que pueda, lo voy haciendo, confiando, en que al final de este largo y arduo proceso, llegaré a comer de nuevo todo aquello que tanto me gusta, y que me encanta preparar para mis hijos, y poder decir, no solamente que soy excelente cocinera y repostera, sino sentarme a la mesa, y comerme una porción con el mismo placer, con que las preparo.