Buscando apoyo

Este es un proceso para hacer en compañía, no te quedes sol@ sin comprender que te sucede, busca ayuda, habla, pregunta, pero sobre todo, ÁMATE ¡¡

viernes, 30 de septiembre de 2011

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El 2 de Octubre se celebra el Día Mundial de la No Violencia. Para conmemorar este día en Colombia, un grupo de jóvenes liderados por el artista colombiano César López, conocido por la "escopetarra" y por interpretar canciones alusivas a la paz y a la no-violencia, están desarrollando una campaña a nivel nacional para que ese día haya 0 muertes violentas en Colombia.
 
Ya se han dado casos en algunas ciudades y municipios en Colombia en que no se han presentado muertes violentas en un día o más, lo cual permite afirmar que un 24-0 en Colombia sí es posible. Sobre información acerca del número de días sin muertes violentas en Colombia visite la página web:
http://www.cerac.org.co/es/investigacion/violencia-armada/24-0.html
 
El 24-0 iniciará el sábado 1 de Octubre a las 12 del día, y finalizará el domingo 2 de Octubre, también a las 12 del día. El lugar de encuentro es la Plaza de Bolívar en Bogotá. Lo invitamos a unirse a esta iniciativa y a compartirla con sus colegas, amigos y familiares. Siga la campaña en Twitter y en Facebook.
Su página web es www.24-0.org.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Galletas de germen de trigo, cereales y bananas

 Estas galletas son sanas, tienen poco dulce, son nutritivas y fáciles de hacer.

Partiendo de las recetas básicas de galletería.



Ingredientes: 
  • 2 tazas de germen de trigo
  • 2 tazas de harina de trigo
  • 1 cucharada de linaza molida
  • 1 cucharada de semillas de quinua (si se consigue)
  • 1 cucharada de semillas de amaranto (si se consigue)
  • 1/2 taza de azúcar morena
  • 1/2 taza de aceite de girasol (se puede usar de canola, ajonjolí o lino) Reemplaza la margarina, manteca o mantequilla
  • 2 huevos
  • 1 pizca de sal
  • 1 cucharadita de canela molida
  • 1 cucharadita de jengibre molido
  • 1 pizca de nuez moscada
  • 1 taza de chocolate negro (al 85% cacao) rallado o triturado
  • 1 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • 1/4 taza de agua
  • 1/2 taza de leche (o la que sea necesaria para facilitar el amasado)
  • 2 bananas medianas trituradas 
  • 1 cucharadita de escencia de vainilla oscura o clara (al gusto)
  • Opcional:  Uvas pasas, nueces, almendras, avellanas, o cualquier fruto seco triturado.
Procedimiento:

Mezclar en un bol la harina previamente cernida, añadir el bicarbonato, y todos los demás ingredientes secos. Mezclar muy bien hasta integrarlos todos.  Añadir los huevos, el agua, la leche e ir revolviendo cuidadosamente hasta formar una masa húmeda y que no queden restos de harina sin mezclar.

Precalentar el horno a 250 grados centígrados, engrasar y enharinar una bandeja y con dos cucharas formar pequeñas porciones separadas entre sí, ya que la masa se ha de extender durante la cocción. 

Hornear durante aproximadamente 25 a 30 minutos, o hasta ver la superficie dorada.

Sacar y dejar reposar en una rejilla.

Se deben consumir pronto o mantener en la nevera, ya que al tener fruta fresca, se pueden dañar pronto. 

Ideales para quienes desean comer galletas nutritivas. 

NOTA:  Las semillas como la quinua, amaranto, se pueden reemplazar con otras que se consigan en la región, también se pueden usar semillas tostadas de amapola, de sésamo o ajonjolí, girasol, o las que se tengan a mano.  Lo que se busca es subir el valor nutricional de las galletas y disminuir las grasas y azúcar empleados. También se puede reemplazar la harina de trigo por harina integral, harina de maíz, de arroz. Usar avena tostada, en fin, solo es buscar las opciones que se deseen y el sabor de su preferencia

sábado, 3 de septiembre de 2011

La última tormenta





En la vida vamos viviendo muchos momentos difíciles. Por costumbre, contamos las tormentas que llegan, pues su incidencia es tan fuerte, que su paso deja escombros y todo revuelto, no recogemos ni limpiamos el área, lo que hace que la siguiente tormenta levanta aún más revuelo.

Generalmente ignoramos las señales, pues estamos concentrados en otras cosas menos importantes y aquellos signos que predicen la tormenta, los pasamos por alto.

Hace poco, en medio de un paseo mágico, a la llegada de El Refugio, lugar de ensueño en las laderas de la cordillera central, rincón clima tibio, brisa fresca, aroma a montañas, rodeado de palmeras, plantas y flores de vivos colores, en medio del trinar de los pajarillos y el bullicio del reencuentro de amigas de antaño, mi vista se posó en el horizonte donde las montañas dibujaban su silueta entre nubes, rayos de sol y un cielo azulado.





El viento me trajo un olor conocido: a tormenta, al divisar las nubes, de un gris azulado intenso, pude observar cómo se veía el aguacero intenso caer desde las nubes y el frente de la tormenta se dibujaba con brillos blanquecinos, pequeños trozos gris pizarra se desprendían a la velocidad con que avanzaba hacia nosotras, y los rayos y truenos comenzaban a anunciar su cercanía, brillos que mostraban siluetas suaves, pero densas.

Esta tormenta presentaba características diferentes a las que estoy acostumbrada a ver en la ciudad: el mismo hecho de estar en medio de estas montañas, lejos de edificios, ruido de carros y calles, hacía que ya fuera especial. La brisa fría pero refrescante, el brillo intenso del cielo, lleno de esas pequeñas chispas de luz que hacen que no se pueda mirar al horizonte sin cerrar los ojos un momento.




Avanzaba a gran velocidad y ya casi sobre la falda de la montaña, se perdió la vista y solo se observaba ese espectáculo de nubes danzantes, entre blancos y grises, azul cenizo que con el fulgor de los truenos, anunciaba su pronta llegada. Entre risas y carreras, las grandes gotas de lluvia nos hicieron entrar a la casa.

El refugio como bien lo dice su nombre, se volvió un bullicio de voces cantando, contando anécdotas de juventud, el olor a café recién hecho, hacía que por momentos distrajera mi atención del espectáculo que la naturaleza me ofrecía afuera. Me asomé al balcón y desde el barandal podía observar cómo se descargaba con toda intensidad el agua a nuestro alrededor. Sonaba el tejado como una batería armónica y constante, un ritmo que solo la lluvia sabe tocar. En el canal, se deslizaba el agua y caía en un sonoro chorro sobre el borde de la casa y cuando más fuerte parecía que llovía, más claras se 
tornaban las nubes. 























Del mismo modo en que se formó, se disipó. La diferencia, fue la claridad que quedó al final. Comenzaron a subir de entre las montañas, nubes blancas, suaves, como copos de algodón. El pasto olía a fresco, de las ramas de los árboles aún caían las cristalinas gotas y los pajarillos trinaban a voz en cuello con todas sus fuerzas. Todo tenía un nuevo brillo, el ocaso comenzó con una tarde limpia, un cielo donde las nubes comenzaron a danzar en grupos como si los ángeles hubiesen bajado a jugar con ellas y a formar figuras graciosas.





Los truenos dieron paso al trino de las mirlas, al chirrido de los grillos y al croar de las ranitas, y en medio de esta danza, el sol se ocultó mientras dibujaba sus anaranjados y dorados tonos arreboles rojizos entre las nubes. Las estrellas comenzaron a brillar tenues, tímidas y un viento frío, me hizo refugiarme en el interior de la casa.

Allí, el calor provenía no de una chimenea, sino de la amistad. Comenzamos a contar nuestras historias, y cada una, iba contando cómo fueron estos últimos años de aprendizaje, alegrías, tristezas y añoranzas. Lecciones de vida sin duda alguna, vividas con muchas diferencias y semejanzas.

En medio de tantas experiencias, surgieron testimonios del infinito amor de Dios en cada una y fueron sacudiendo en mi interior todo el dolor acumulado por años. Se presentó entonces, mi propia tormenta y al igual que la que había fotografiado, las nubes negras comenzaron a chocar, a moverse y a descargar entre lágrimas y palabras entrecortadas, todas esas situaciones represadas. Sentir a mis amigas, como las montañas imbatibles a mí alrededor, como las ramas de los árboles que se mecían suavemente para rozarme y hacerme sentir que a pesar de la tormenta, estaban allí y nada las alejaría. Finalmente, comenzó a salir esa luz que tanto buscaba en otros lugares, y que siempre estuvo allí, en mi corazón, de la mano de la Madre Auxiliadora y de ese Padre que amoroso siempre se hizo sentir y esa tarde, más que nunca.





Al igual que en la tarde el sol iluminó el panorama haciéndome observar muchos detalles maravillosos, comencé a observar entonces entre las palabras de mis amigas, esos mismos destellos de que Dios obra con sutilezas, palabras, risas, abrazos y encontré en las manos y consejos sinceros, la fuerza para dejar que la tormenta finalmente limpiara mi alma de todo lo que le oprimía. Despejar el espacio y dejarlo inundar de la palabra divina, hizo que el miedo al vacío que siempre me doblegó, se tornara en confianza, ya que entendí que jamás se estará vacía porque simplemente, Dios está allí.

Gracias a esta última, especial y fuerte tormenta, puedo decir que he renacido de entre los nubarrones, y comienzo a ver a la distancia con claridad. Gracias a mis amigas, a mis compañeras de juventud, a Dios, a María Auxiliadora, por la gracia de formar parte de una comunidad sólida, sincera, por un día más para aprender a vivir y sonreír. Por las experiencias vividas y las lecciones aprendidas y con la certeza, que cuando llegue la próxima tormenta, estaré lista para dejar que la lluvia despeje el lugar de aquello que no debe estar.

Ana Cris, 20/08/2011