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domingo, 26 de junio de 2011

Aceptación a comer y a estar "gordit@"

En estos días de mucha reflexión interior, veo frecuentemente que se acepta fácilmente a una persona que coma "bien" haciendo referencia a que coma mucho, a que coma "de todo" y a que presente físicamente un aspecto algo rollizo, cachetes colorados, y ese dulce aspecto bonachón que generan las personas gorditas.

Pero, significa que estén bien de salud? he estado observando mucho el caso contrario a la anorexia: el comer de más... la compulsión en este caso está abocada a comer y no hay una "satisfacción" emocional, aunque físicamente el cuerpo se acostumbra a estar recibiendo comida en forma constante.  Este es a mi modo de ver, un trastorno oculto que la sociedad acepta fácilmente, y solo cuando el sobrepeso se convierte en un serio problema físico, por la obesidad mórbida, diabetes, hipoglicemia o demás enfermedades asociadas, entonces es que se dan cuenta que no es tan "benigno" estar gordito ni comer constantemente.

Esta forma compulsiva de comer, sobre todo dulces, frituras, pasteles, alimentos de altísimo contenido calórico revela un problema muy serio: una adicción al dulce, a la grasa, a las harinas, a todas aquellas comidas que somos concientes no son saludables, pues exceden por mucho la ingesta diaria recomendada (la cual debe ser un promedio y una guía, no una ley).  Qué se siente al comer un pastel lleno de crema dulce? Una barra enorme del chocolate más sabroso? Un enorme plato de papas fritas con mucha sal y salsas? Porqué razón un adicto a la comida debe levantarse a las 2 o 3 AM a comer cualquier cosa? Abrir el refrigerador y sacar la comida fría, si es posible, un emparedado de quesos y jamones, o mermeladas, yogurt con alto contenido en dulce, refrescos… etc., implica para la persona cubrir una necesidad que su cuerpo exige, pero, el doble filo de esta espada, es que ha sido esa persona quién lo acostumbró a ello.

Esto me ha llevado a retroceder varios años en mi vida: desde los 14 hasta que surgió la anorexia, sobre los 32: yo comía compulsivamente. Simple, un trastorno alimenticio condujo a otro, solo cambió de forma y de consecuencias. 

Al haber estado gorda, haber pasado por la necesidad de comer compulsivamente en forma gradual, y sin ser conciente de ello, y luego pasar por la anorexia nerviosa, me ha llevado a pensar que en realidad, siempre he tenido un trastorno alimenticio. Pero, sus evidencias no eran “visibles” y eran aceptadas mis costumbres alimenticias, ya que comía prácticamente todo lo que pudiera. Pero, las burlas entonces estaban enfocadas a ese aspecto: “gorda como una vaca, tiene cintura de nevera, parece una marrana….” Y mil apelativos más bastante ofensivos, pero en términos generales no me aislaban de los eventos sociales, podía acudir a cualquier lugar, comer lo que me antojara, aunque fuera en demasía, estaba “normal”.    Esta normalidad no es sana, pues es de igual modo, una forma de evidenciar un tremendo dolor interno, una falta de aceptación por mi imagen, al igual que he ido notando en las personas con las que hablo que tienen trastornos alimenticios.  Es buscar la aceptación de los demás ya que carecemos de la propia.

Hace poco conocí a otra mujer que pasó de la compulsión por la comida a la anorexia, ya que la dieta en la que fue enmarcada, no tuvo la contención necesaria para evitar que saltara de un lado de la balanza a fuera de esta… y ahora, tiene que lidiar con dos trastornos? O simplemente, con la misma adicción: al sufrir el proceso de alimentarse.  Mientras comenzamos a bajar de peso, nos halaban, y sentimos entonces que “somos aprobadas y estamos haciendo algo bien”… pero es un derrotero, porque es un error claro y solo cuando se evidencia el nuevo trastorno alimenticio, entonces ya no sabemos cómo salir de este nuevo problema.

Ahora que se ha puesto de moda hacer programas para bajar de peso, con entrenadores personales -difundidos especialmente por los programas de televisión- estos realitys que muestran personas con graves problemas de obesidad, donde su vida está en riesgo, sus familias, y vemos como semana a semana su batallar por bajar el mayor número de kilos contra sus oponentes, hace que piense seriamente cómo han llegado a esto: el incentivo de mucho dinero, de exponer sus emociones, su vida al público en general,  es llevar de un extremo emocional al otro a la persona.  El acompañamiento   médico y psicológico es fundamental, ya que, por experiencia se bien, lo que es no aceptar la imagen que se tiene ni el cuerpo ni nada de nuestro aspecto físico, esto conlleva a las profundas heridas emocionales que tenemos y que hemos enseñado a nuestra mente, a ensañarse literalmente como fieras hambrientas contra nosotr@s mism@s.  En cierto modo, si se mira objetivamente es una forma de decirle a otros: se puede lograr y de incentivar a muchas personas a buscar el modo de bajar de peso o a buscar soluciones para sus adicciones.   Aquí se acude a la parte emocional de identificación, de decir… NO ESTOY SOLA, no soy yo solamente quién padece este infierno, si ves en varios canales de televisión diferentes programas abocados al mismo tema, entonces, algo se mueve adentro, algo hace “clic” y esa chispa que comienza a iluminar el final del túnel aparece. 

En estos programas se evidencia que no es exclusivo de las mujeres, los hombres son tanto o más afectados, ya que socialmente se acepta más a un “gordito” que a una “gordita”.  Un detalle más que llevar encima, una especie de agresión de género. 

La adicción a la comida no diferencia el género, ni la edad. El comportamiento aprendido y enseñado social y familiarmente en muchos casos, afecta del mismo modo, teniendo unas cifras cada vez más impactantes: el índice de infartos cardiacos en mujeres es casi tan alto como en hombres y lo que es más preocupante, cada vez, jóvenes entre los 25 y los 35 presentan complicaciones como la diabetes tipo II, arterioesclerosis, artritis, deterioro hepático y renal, y muchas otras que ponen en riesgo la vida.  He visto los reportes de muertes “naturales” donde la edad está cada vez más entre los 20 y 40 años.   Erróneamente se cree que por la edad no nos va a pasar nada, que nuestro cuerpo puede asumir todo y que no tenemos un problema.

Sea sobre o bajo peso, el problema real es el trastorno alimenticio como tal: la forma en que asume el alimento, a nivel físico, emocional y mental, que afecta nuestra conducta diaria.  Si bien es cierto que los gobiernos se ven cada vez más abocados a buscar las soluciones a solucionar las deficiencias alimenticias en la mayoría de la población, en el caso de países “en desarrollo”, o víctimas de conflictos internos, como estamos viviendo recientemente, no podemos olvidar que también que la obesidad es una enfermedad que afecta seriamente la funcionalidad de las personas y afecta sus familias, y genera muchas muertes que pueden ser evitadas, con programas de COMER SANAMENTE.  No necesitamos consumir enormes cantidades de comida, debemos ser concientes que no es fácil acceder a los cuadros recomendados por las entidades de salud internacionales, pero sí se podría propender por enseñar a aprovechar los recursos locales en cultivos nativos, por ejemplo.

Pero, antes que todo, es preciso que se trabaje la parte emocional, es la base de todas estas falencias, ya que ahí es donde tenemos nuestro problema real: la adicción, la compulsión, a las conductas mentales y emocionales que nos generan estos trastornos.  Hasta no tener en los sistemas de salud médicos capacitados y programas que evalúen en forma eficaz y una voluntad gubernamental realmente comprometida para tener campañas preventivas y contenedoras de estas condiciones y enfermedades, la salud de la humanidad seguirá estando en el limbo.   No quiero entrar en las críticas a las políticas de salud públicas, pues todos sufrimos sus falencias y somos víctimas de la corrupción que impera en todo el mundo en este sentido. 

Quiero llamar una vez más la atención de mis lectores, a que evalúen su actitud al momento de comer: pocos tienen buenos hábitos alimenticios, debido como recalco, a que estamos moviéndonos entre varias adicciones, situaciones emocionales que nos llevan a beber, fumar, comer, drogarnos, etc., y a todo el deterioro que conlleva esta situación.   Las presiones emocionales que vivimos cada día son la raíz de todas estas enfermedades, y reconocerlas es el primer paso a nuestra sanación.  Si bien evitamos muchas veces hablar de nuestros problemas íntimos, quedarnos con todo esto guardado dentro de nuestro ser es lo que fermenta estas enfermedades, dolor, rabia, agresiones, violaciones, golpes, carencias, o excesos, porque también el tenerlo todo a nivel material y poco a nivel emocional, es parte de esta problemática. 

El cambiar la actitud que se hace por reflejo, y hacerlo concientemente, dándonos aunque sea un minuto para pensar en que el acto de comer es más que ponerle gasolina a un carro: ES DARNOS LA OPORTUNIDAD DE VIVIR y la desperdiciamos constantemente al abusar o restringir la comida.

Comamos para VIVIR, no vivamos comiendo, no comamos por sobrevivir, alimentémonos para que podamos vivir el minuto siguiente en plenitud.

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