Buscando apoyo

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lunes, 5 de julio de 2010

El vuelo de la mariposa de luces brillantes



Por estas fechas, surgen recuerdos tristes, recuerdos que nunca había logrado superar sin llorar, sin sentir un profundo dolor y cargar mi alma de más culpas, angustias y sentimientos que solo lograban anclarme a lo más profundo de mis abismos.
  Pero esto, solo logró conducirme por un abismo peor que la misma anorexia; la cual aprendí a superarla, a lidiar con fuerza sus embates y superar sus ataques emocionales y físicos, a conciliar con sus raíces y a cortar las más visibles, aprendí a sobrellevar sus consecuencias, pero hubo algo que dejé avanzar, una culpa, la dejé crecer, me costó mucho aceptarlo, hasta que esa raíz superó mis fuerzas, y atacó más fuerte que cualquier trastorno.   El ponerme frente a mi mayor dolor, a lo más profundo de mí misma, de mis dudas, temores, culpabilidades y dolores, hizo que todo mi cuerpo colapsara.  Surgió un dolor físico tan agudo que ya ni moverme podía con facilidad, y por todos lados habían protestas, surgiendo la peor: un tumor uterino, que me puso de cara a una realidad que no quería aceptar: si no liberaba el dolor, el cáncer lo haría.  La posibilidad de que esté, es tan real que a portas de una cirugía para extirparlo, debí enfrentar otro proceso que yo solo podía hacerlo: no hay médico, ni instrumental quirúrgico moderno, ni ciencia conocida que pueda hacer por mí, lo que yo no haga por mis propios medios.  
   Días de reflexionar, inmersa en un dolor físico agobiante, y viendo a mis hijos angustiarse pero callando sus propios temores, con el afán de ayudarme y solventar mis necesidades de algún modo, me dí cuenta, que ellos no deben hacer esto, soy yo la que debe cuidarles y fortalecerles, no ellos a mí.  Mi propia reticencia a realizar un proceso de perdón a conciencia, me llevó de nuevo a otear el panteón, y realmente es un absurdo sostener esta situación, es jugar con mi vida y la de ellos, y no puedo seguir así.  
  Siendo realista, y ya que conozco a ciencia cierta la  base de todo esto, sus vericuetos, mañas, vueltas, ires, decires, y disculpas eternas, decidí finalmente, que era momento de ser objetiva.  La subjetividad solo me ha permitido tomar actitudes poco constructivas, adictivas a un sufrimiento que se ha postergado por más de dos décadas, halando muchos dolores pequeños, frustraciones y tristezas, culpas y sacrificios de infancia y recopilados a lo largo de mi vida como excusa para ser siempre infeliz y desperdiciar así, los momentos que debí entender que eran solo oportunidades para liberarme de todas estas cargas propias y ajenas y construir mi propia felicidad.
  He forzado mi espalda con cargas pesadas pertenecientes a los demás, por sentimiento de sumisión, culpabilidad extrema, creé en mí una actitud prácticamente adictiva a estar siempre culpándome por todo lo que pasaba a mi alrededor, y recoger la responsabilidad de los demás en situaciones donde dichas acciones fueron compartidas.  Al eliminarles a los demás la cuota que les correspondía y asumirla yo, no beneficié a nadie con ello, solo incrementé mi propio dolor, mi propia tristeza y he generado un grado tal de frustración, que ha llegado a sobrepasarme por mucho a mis propias fuerzas físicas, mentales y emocionales.  
  Pero, también ha llegado el momento y la oportunidad de liberarme.  Soltar lo que no es mio, devolverlo, entendiendo que nadie es más culpable de lo que le corresponde, que las cargas van siempre a mitades, no en porcentajes mayores, sino siempre 50% para cada lado.  Así que he decidido hacer un proceso en el cual, siendo plenamente consciente que entrego a los demás lo que les toca, aunque no se los pueda decir en persona, pero el universo y Dios saben que así lo hago, y dejo lo mio, únicamente lo que me atañe. Agradezco a cada uno su amor, sus condiciones emocionales y mentales, sus intenciones, fueran válidas o no para mí, fueran las que esperaba o no, fueran las que necesitaba o no, era lo que podían dar desde sus propias fortalezas y carencias.   Igual, yo tomo, desde esas mismas perspectivas, mi parte.
   Miro en lo que se ha convertido todo este cúmulo de sensaciones, sentimientos, momentos, y tiene enemil rostros deformes, huele a amargura, a tedio, a apatía, a negación; sabe a muerte, porque cada lágrima ha sido derramada en momentos en que sentía mi vida irse arrastrada por ríos de culpabilidad y sin compasión alguna por mí misma, empujada por una barca de total falta de amor propio; se convirtió todo en una masa informe, densa, pesada, sangrante, hiriente, que anulaba mis sentidos, agobiaba mi corazón y ahogaba mi respiración.  Hoy, tomo esta "hija mía", que nace de mis propias y más profundas entrañas entre mis manos, mis brazos que han acunado con amor a mis hijos, y la miro profundamente,  con esa misma sensación de pérdida infinita que me ha conducido hasta aquí, pero sabiendo que lleva en ella involucrada en su esencia todo aquello que ya no deseo tener conmigo, la envuelvo con mi amor incondicional de madre, y aunque daría mi vida por mis hijos, no voy a sacrificar mi vida por este ser que he creado cruelmente dentro de mí.    
  La única forma que ella no se lleve mi existencia, es transmutarla, amarla, perdonarla y liberarla.  Con la ayuda de mis angelitos, de mi fe en Dios, la veo como se ha transformado en una mariposa sutil, de alas transparentes, y muchos colores brillantes en ella... cada color representa un dolor sanado, una emoción vivida, muerta y renacida, son tantas, que brilla con cada movimiento con la misma intensidad con que las sufrí, y ahora su olor, su claridad, su estructura es amorosa, liberadora, sanadora, y la llevo con mis manos, mi alma, mi corazón y mi ser entero, al fin del universo, a que vuele eternamente sin freno alguno de mi parte, ya no forma parte de mi existencia, y tiene por derecho propio, la capacidad de volar sin más culpas, sin más temores, sin más anclas oscuras.  
  Son más de 22 años de guardar luto por mi alma, y hoy, dejo libre esta mariposa para que mi espíritu pueda volver a ver la luz y aceptar el regalo inmenso que la vida misma me da: el hoy. Sin más prisas que lo que pueda lograr cada día, y perdonándome a mi misma por fallar, y darme la oportunidad de levantarme una vez más, pero sin seguir cojeando, tengo el derecho de caminar firme, despacio, y mirando al frente. 
  He aprendido con mucho dolor, que no hay juez más severo que yo misma, le he dado todo el poder a mi mente para ejecutar sin misericordia alguna la peor de las condenas: negarme el derecho a ser libre de mis ataduras. No significa ser libre de responsabilidades, no es dejar de asumir lo que me corresponde cada día, es aprender a no cargar con más de lo que me corresponde y toca por derecho propio y por eso mismo, devolver con amor a los demás, lo que ellos no deseen asumir y quieran dejarme, ya no más, no es coherente con mi deseo vivir y ver crecer a mis hijos, esperar verlos volar por sus propios destinos.
  Así que hoy digo: vuela mi mariposa doliente, transformada en luces mágicas que harán de cada momento de oscuridad, un destello de luz en el infinito, por siempre libre, te agradezco haberme permitido aprender y tener la oportunidad de creer en un mañana.


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