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domingo, 19 de abril de 2009

El abandono del ser

Constantemente me voy preguntado, cuáles fueron las causas que generaron está enfermedad en mí. Pero siempre encontré la forma de culpar a los demás, razones externas, excusas, motivos lejos a mi responsabilidad.

En este caminar de aprender a entender y ver las razones, las causas, los motivos, con ayuda de personas maravillosas, voy entendiendo que no solo abandoné a mi ser físico, mis emociones y mente, sino también a mi espíritu. Esa parte que es mi Ser interior, mi ser verdadero y al que no le he permitido formar parte de mí.

Y cómo se dió este abandono? De nuevo, las causas son excusas y razones externas. He hablado con algunos amigos, y dicen algo cierto. La educación que recibimos en la infancia, es castrante a muchos niveles. Nacemos unidos a nuestro ser, somos uno, integrados en la sencillez y maravilla del amor incondicional, pero dependemos de la conciencia, del no saber, de la ignorancia. Un bebé no separa su ser de su físico, pero en la crianza, lo padres vamos enseñándole a hacerlo, al ir generando normas que le impiden tener contacto consigo mismo.

Nadie es culpable de esto, es la forma en que la sociedad y las comunidades mantienen su "integridad", al mantener en ciertos grados de ignoracia, sumición y control a los individuos, se logran sostener esquemas productivos para la mayoría, sin tener en cuenta el costo emocional, y menos el espiritual. Finalmente, la productividad y los resultados tanjibles en dinero, obras, objetos, es lo que determina el crecimiento de dicha comunidad.

Pero, y donde queda el ser? Aprendí que mi espíritu no era parte de mi, que ese 'Ser' era ajeno porque le pertenecía a Dios. Mi alma, solo estaba alojada en mí como un huesped, y al huesped... cuando lleva mucho tiempo, se le aprende a ignorar. Los huéspedes no tienen voz ni voto en las decisiones de casa... por lo tanto, las señales pasan a ser transmitidas a través de la materia: el cuerpo. Lo que la conciencia y la mente no desean entender, el cuerpo lo refleja, el ser habla, así no queramos escucharle.

En mi caso, habló siempre, de muchas maneras. Haciéndome sentir diferente, con muchas señales físicas, a mi edad, nadie usaba lentes, y a los tres años yo tenía unas gruesas, cabello muy corto, jugaba con cosas que no juegan las niñas y 'veía cosas' y las decía, entonces era tildada de rebelde, de loca, de ser mala, porque iba en contra de las normas.

Aprendí a guardarme para mí esas señales, pero a no aceptar las condiciones, aprendí a no alimentar a mi ser, sino a castigar mi cuerpo. Desde niña, el abandono físico era notorio. Cabello alborotado, desorden generalizado, reacciones descontroladas a nivel emocional, refugiarme en actividades solitarias y lejos de los demás. No seguir las costumbres, pautas o normas impuestas y de obligatorio cumplimiento, hacían que fuera más dificil mi relación con los demás, y al seguir sintiendome diferente, seguía llenándome de culpas, de reproches, y alejando aún mas, a mi ser de mí conciencia. Aprendí a no alimentar con amor mi cuerpo y a rechazar el afecto que recibía de los demás. Comencé a sentir que era su obligación y que yo no merecía ser amada.

Hay peor forma de abandonar al ser? Rechazarse a sí misma, comenzar solo a detallar los defectos, siempre buscar las excusas para no asumir la responsabilidad por los comportamientos, y aún más grave, no aceptar como regalos y agradecer, lo recibido. Cada día somos llenados de bendiciones, pero aprendimos que solo a través del sufrimiento podemos llegar al amor de Dios. Y no es así. Sea la imágen o concepto que tengamos de El, el universo siempre está dándonos múltiples regalos y muy amorosos. El constante rechazo de ellos, hace que nuestro ser sea abandonado. Y yo, abandoné al mio.

No le alimentaba, no es darle comida... y ese alimento es tan sencillo, es el amor propio. El reflejo de su ausencia se nota a pocos, lentamente, señales sutiles, luego son mas fuertes.

En mi caso, muchos problemas físicos desde la infancia, reacciones alérgicas, golpes, caidas frecuentes, depresiones; al ir creciendo, problemas hormonales, subidas y bajadas de peso extremas, alteración en los hábitos alimenticios que fueron reflejando mis estados de ánimo. Si estaba bien, comía mucho, si me sentía mal, deprimida, rechazada, dejába de comer. El no aceptarme a mí misma como soy, físicamente, hizo que ese rechazo fuera notado en la familia, en los amigos, y se devolvía, habían siempre críticas, muchas tan destructivas, que solo afianzaban estos nuevos patrones autodestructivos.

En la adultéz, llegar con esta carga de culpas, rechazos, y desamor propio, solo me condujo a seguir buscando situaciones que las afianzaran. De modo inconciente, pero para mi ser, totalmente concientes. Y comenzó a hablar con más fuerza. Si la forma de auto castigo estaba en la comida, pues ahí se incrementó todo el problema. No me amaba, no me alimentaba, y si lo hacía, era con reproches, entonces mi organismo no podía retener el alimento, y esto me condujo a la anorexia, a la forma mas brutal del rechazo y abandono de mí misma. Solo es la punta de la maraña de raíces que conforman las causas. Pero como todas las situaciones, hay una causa principal: falta de amor hacia mí, falta de reconcer que mi ser y yo somos uno solo, y que al abandonarlo, solo me abandoné a mí misma.

Aceptar y ser conciente de esto, no ha sido fácil, y aún me falta mucho camino por recorrer. Por primera vez, me veo ante el espejo solo frente a frente conmigo misma, y puedo reconocer que merezco amarme, respetarme y valorarme lo suficiente como para salir de todas las situaciones que me hagan daño.

Aún me falta aprender a cortar dependencias hacia otros y ser autosuficiente emocionalmente. Pero creo, que es la forma de salir finalmente de todos estos patrones que me han enfermado, y que me evitan sentirme plenamente sana. El reencuentro con mi ser, se está dando, ya al menos, reconozco que es parte de mí, y ahora, para que pueda estar, debo terminar de limpiar el espacio, para que deje de ser un huesped, y sea simplemente lo que es: parte de mí. Ser simplemente, yo misma.

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